Con el modo de falla bien descrito, queda decidir qué hacer con él. Muchos planes de mantenimiento se armaron copiando el del equipo anterior o la recomendación genérica del fabricante. El criterio debería ser otro: cómo falla ese componente y qué pasa en la planta cuando falla. Y la tarea que se elija tiene que ser posible de hacer y costar menos que la falla que evita.
Conviene ir en orden. Lo primero es ver si el modo de falla da aviso. Cuando, por ejemplo, la toma de impulso de un transmisor de presión se va tapando con sólidos del proceso, la lectura empieza a separarse de la del transmisor redundante. Esa diferencia ya es la falla potencial. Si las dos señales se comparan con una frecuencia menor al tiempo que tarda la toma en taparse del todo, hay margen para purgarla antes de que el lazo se quede sin medición.
Si no hay aviso pero el componente se degrada con la edad, se puede programar el reemplazo. Pasa con la celda electroquímica de un detector de H₂S, que va perdiendo sensibilidad hasta que deja de detectar. Para que el cambio programado tenga sentido, hay que conocer esa vida útil y la mayoría de las celdas tiene que llegar a ella sin fallar antes. El fabricante da una referencia, pero el dato que vale es el del historial propio.
Las fallas ocultas son otra historia, porque mientras la planta opera normal nadie se entera. Un presostato de alta con los contactos pegados, por ejemplo, no da ninguna señal hasta el día en que tiene que cortar y no corta. Para encontrarlo hay que probarlo, y probar toda la cadena, desde el sensor hasta el elemento final. Cada cuánto se prueba depende de la disponibilidad que se le exige a esa protección y de lo grave que sería que no actúe.
Queda el caso en que ninguna tarea sirve o se justifica. Si la falla compromete la seguridad o el ambiente, el rediseño es obligatorio. Si el impacto es solo económico, se puede dejar que falle. A un manómetro local que se rompe por vibración, si no afecta la operación, se lo cambia cuando falla. Si se rompe seguido, lo que hay que cambiar es el tipo de manómetro y poner uno con glicerina.
Con esto cerramos la serie de modos de falla. ¿Qué tarea de su plan de mantenimiento no pasaría estas cuatro preguntas?
Las cuatro preguntas
| Pregunta | Si la respuesta es sí | Ejemplo |
|---|---|---|
| ¿Avisa antes de ocurrir? | Tarea a condición | Transmisor de presión con deriva por toma de impulso obstruida: comparar contra el redundante y purgar la toma cuando se aparta |
| ¿Depende de la edad? | Reemplazo programado | Celda del detector de H₂S agotada por envejecimiento: reemplazarla antes del fin de su vida útil |
| ¿Es una falla oculta? | Prueba funcional periódica | Presostato de alta que no actúa por contactos pegados: probar el disparo completo cada cierto tiempo |
| ¿Ninguna tarea sirve o conviene? | Rediseñar o dejar fallar | Manómetro local con aguja rota por vibración: cambiarlo cuando falla o, si se repite, pasar a uno con glicerina |
La tarea la define cómo falla el componente y qué consecuencia tiene, no el tipo de equipo.
Para calcular cada caso
- A condición: el intervalo sale de la curva P-F y de la probabilidad de detección de la técnica.
- Reemplazo programado: la edad conveniente sale del modelo de Weibull del modo de falla y de los costos: edad óptima de reemplazo.
- Prueba funcional: el intervalo depende de la tasa de fallas ocultas, de la frecuencia de demanda y de la duración de la prueba: búsqueda de fallas.
- Las cuatro preguntas juntas: el selector de estrategia recorre la lógica de RCM para un modo de falla y devuelve la tarea con su justificación.
Fuente: J. Moubray, RCM II · SAE JA1011.